El parque de las aves, el edén de Foz de Iguazú

Al menos 130 especies de todo el mundo conviven en un ambiente natural de más de 16 hectáreas de bosque. Algunos pájaros fueron rescatados del tráfico de animales o de maltrato humano. El parque es parte del circuito turístico de Foz de Iguazú de Brasil.

El parque de las aves, el edén de Foz de Iguazú

Son más de 1.000 aves que representan a 130 especies de todo el mundo, muchas en riesgo de extinción.

Ivone Juárez  / Foz de Iguazú
 
Todos son unos excelentes anfitriones. Reciben a los visitantes desplegando toda su belleza, lanzando graznidos agudos e intermitentes y sacudiendo algunas ramas de los árboles con su vuelo repentino. Algunos abren sus alas para mostrar los colores intensos de las plumas de sus alas para así, tal vez, despertar más admiración de quienes han llegado al Parque de las Aves de Foz de Iguazú, Brasil. Otros hacen piruetas en el aire o, simplemente, se quedan quietos, como si aceptaran ser fotografiados.
 
Son las más de 1.000 aves que representan a 130 especies de todo el mundo, muchas en riesgo de extinción, que han sido traídas al parque para ser parte de esa hermosa muestra de la naturaleza que el alemán Denni Croukamp comenzó a construir en 1993 con el nombre del Parque de las Aves. Algunos de estos fantásticos animales fueron rescatados del tráfico o del maltrato humano. Conviven en esas más de 16 hectáreas del bosque subtropical que se encuentra entre el río Iguazú y la carretera que lleva a las cataratas del Iguazú.
 
Todos parecen estar en competencia: la belleza sin igual puede ser compensada con la gracia y la picardía. Al parecer, eso lo sabe bien uno de los guacamayos que está en una de las enormes jaulas del parque.  Está parado sobre un delgado tronco que hace de barda en la entrada. En el lugar hay decenas de especies de su tipo: de mayor tamaño y de plumas de colores más intensos, azul, rojo, amarillo... Él no pasa de los 20 centímetros, pero sabe muy bien cómo llamar la atención de los visitantes del día: repite las palabras que se le dice, silba a modo de piropear a las damas, baila, finge una risa estridente... toda una atracción a la que nadie  se resiste, pero que lamentablemente se tiene que dejar atrás por la subyugación que ejercen otras de las aves de gran  magnificencia o belleza exótica.
 
Como los flamencos, por ejemplo, que han sido instalados prácticamente a la entrada del paseo. El parque de Iguazú guarda dos especies de esa ave: una africana y otra chilena. Pero se mezclan en medio de su jaula y uno no distingue a simple vista a qué clase corresponden. En medio de la jaula se ve una pequena laguna, donde algunos hunden sus picos para tomar agua, luego estiran sus cuellos y se estiran sobre sus dos patas esbeltas  para caminar con elegancia. Otras se paran frente a un enorme espejo que está instalado al fondo de su espacio. Se miran, se mueven como si estuvieran admirándose.
 
"Esa es la estrategia que usaron los encargados del parque para que la especie se habituara al lugar”, explica Renato, el guía turístico que nos acompaña en esta aventura paradisiaca, iniciativa de la línea aérea Amaszonas, que hace poco inauguró su nuevo destino en Foz de Iguazú.
 
"Cuando el flamengo se mira al espejo no se da cuenta que es su reflejo, piensa que es otra ave de su clase. Así en el parque lograron que el primer grupo que llegó aquí se habituara y comenzará a reproducirse. Esta especie no es de Brasil, sino de África y Chile”, añade el guía.
 
Es que el parque de las aves no es sólo un lugar donde los animales pueden ser conservados y admirados por los visitantes –que cada año llegan cientos de miles, sobre todo brasileños y argentinos-  sino que se ocupa de que éstos cuenten con todas las condiciones para habituarse y reproducirse en el lugar, como lo quiso desde el principio su creador, Denni Croukamp.
 
El paseo continúa y de pronto, en otra jaula, igual que el guacamayo, un tucán con un enorme pico amarillo  está parado sobre una rama que hace de barda en un espacio del recorrido. La gente pasa, lo mira, se para  a su lado y la mayoría aprovecha para tomarse una foto con el colorido personaje, al que parece no incomodarle para nada la presencia humana.
 
No es lo mismo con la arpía, una especie de ave de rapiña que vuela de una rama a otra sin dejarse ver, o como el pavo real blanco escurridizo que casi nadie puede fotografiar.
 
Pero, al parecer, no se ha visto demasiado cuando está a punto de finalizar el paseo y en una de las últimas jaulas está un casuar, una especie de ave de aspecto prehistórico poseedor de unas enormes y robustas patas que terminan en unas garras poderosas que impresionan. Parece un pavo gigante, pero sus plumas son tan oscuras y espesas que se asemejan a un tupido pelaje. Su cabeza es también como el de un pavo, pero de cuatro colores, plomo, rojo, azul y blanco. El rojo comienza en su moco o redecilla que cuelga de su cuello, donde comienza el azul, que a la altura de su pico comienza a convertirse en blanco hasta tornarse en el color plomo de su gruesa cresta.
 
El animal fue traído de Nueva Guinea. La información que está en su jaula dice que vive aproximadamente entre los 12 y 19 años, que se alimenta de frutos y que puede empollar de tres a cinco huevos. El guía nos explica que el ave llegó con su pareja, pero la agresividad de ambos hizo que los separaran.
 
Justo al final del paseo hay una jaula donde al menos una veintena de guacamayos enormes, con plumas de celeste y rojo intenso, se mantienen quietos sobre las ramas de los árboles. Sin querer formar figuras, a veces hasta parecen un enorme collar de colores. De vez en cuando se mueven tal vez buscando comodidad. Fueron rescatados de personas que los mantuvieron en cautiverio y que para que no huyeran les cortaron las alas. No pueden volar. Como ellos hay otros con historias desgarrantes de sufrimiento, que felizmente –en su caso– terminaron. En el parque encontraron una oportunidad de supervivencia y son parte de la gran belleza de este destino turístico que compone la interesante oferta que tiene Foz Iguazú.

 

 

CÓMO  LLEGAR
  • Dirección:  Av. Las Cataratas, km 17 en Foza de Iguazú, camino al Parque Nacional Iguazu.
  • Distancia:  30 minutos del centro.
  • Tarifas:  Extranjeros 30 reales (60 bolivianos, aproximadamente)
  • Horario de visita:    8:00 a 17:00
  • Qué llevar:   Ropa ligera y cómoda y una chamarra abrigada.

Extraído de: http://www.paginasiete.bo/gente/2016/6/4/parque-aves-eden-iguazu-98584.html